El ex defensor ascendió con Cagliari Calcio desde las ligas inferiores hasta la Serie A e incluso hasta Europa — pero cuando llegó el gran momento, admite que no estaba preparado.
“Cuando llegué por primera vez a la Serie A, no estaba preparado,” dice Sanna. “Tuve que obligarme a adaptarme. El nivel era tan alto.”
Fue un bautismo de fuego a principios de la década de 1990 — y el hombre que lo lanzó fue el legendario Carlo Mazzone.
“Él me hizo debutar en la Serie A. En el campo era como un león en una jaula.”
Esto fue en 1992 — antes de los datos, antes de la analítica, antes de los sistemas de scouting modernos. Aun así, Mazzone lo sabía todo.
“Describía a cada rival en detalle. Incluso a un niño que hizo su debut la semana anterior — sabía cómo se giraba, cómo cabeceaba el balón. Una preparación increíble.”
¿Fuera del campo? Un caballero. ¿En el campo? Un guerrero.
Para Sanna, esa combinación lo forjó — no solo como jugador, sino como hombre.